
Ninguno de sus de clase sabía que le había pasado a Francisco, ni siquiera Rocío, su novia, que ante la noticia y sabiendo el inconveniente que tuvo su novio con el padre el día anterior, sabía que Francisco tenía una razón para escapar.
A los dos días golpean la puerta de Rocío, la abre y aparece Francisco.Rocío, medio caliente, medio contenta, lo abraza y le insulta al mismo tiempo.
Se quedan hasta altas horas de la madrugada hablando y discutiendo lo que tiene y no tiene que hacer Francisco de ahora en más.
Rocío, de familia católica y no tan alejada de la situación del país (aunque tampoco involucrada ni cómplice) le decía que tenía que hablar con su padre y solucionar el problema, que lo que había hecho no estaba bien pero que él tampoco se comportó de la mejor manera, al mismo tiempo Francisco decía:
-Mi padre nunca estuvo, nunca se preocupó por mí, mi hermanos siguieron con la tradición familiar y son militares pero yo no, conmigo nunca se comportó como padre, siempre estuvo preocupado por esta puta dictadura.-
La conversación siguió, primero en buenos términos.Cuando Rocío le dijo:
-¿Vos no estarás convirtiendote en anarquista verdad? porque si es así yo no te puedo ayudar.
Francisco, muy enojado respondió:
-¿vos son mi novia por mí o por mis ideologías? no seas pelotuda, pero te voy a decir una cosa,
estoy mas cerca de ser anarquista que de ser un facho de mierda como mi viejo.-
Rocío escucho eso y sintió una sensación fría por la espalda,
-¡¡no pueo creer lo que estas diciendo!!- dijo, acto seguido se paró, se dirigió a la puerta e su cuarto y ijo
-Andáte, tengo mucho que pensar-.
Francisco, sabiendo lo que había pasado, se paró y se fue, cuando se iba le dijo al oído:
-Pensalo bien, y mirá que yo también voy a pensar-.
Sin tener a quien acudir, Francisco duerme en la calle, come lo que puede, se abriga con lo que puede.
Al otro día volvió a su casa, sin que nadie se diera cuenta, sacó plata, comida y los expedientes que muestran la supuesta dirección de la casa de Santiago.
Sin pensarlo demasiado fue rápidamente a la dirección que aparecía en el papel, golpeó, y no contestó nadie, golpeó por segunda vez, un poco mas impaciente y tampoco, la tercera es la vencida pensó, pero no , ni la cuarta, ni la quinta, a la sexta ya había perdido toda esperanza y con lágrimas en los ojos empezó a golpear desesperadamente la puerta, nada.
Una señora se le acerca y le pregunta por qué golpea violentamente su casa, cuando Francisco miró a los ojos a la señora la reconoció y le dijo:
-Por favor, dígame que usted es la madre de Santiago, que no es producto de mi desesperación-.


